lunes, 22 de abril de 2013

El arte.

Diariamente tomamos decisiones, emitimos opiniones, evaluamos, pensamos y nos movemos dentro de un sistema rígido, una estructura sólida, una norma, algo que es considerado el común en la sociedad. A menudo nos encontramos luchando contra exigencias impuestas, y a pesar de eso seguimos por ese camino porque se supone, hay un futuro predeterminado tras esas acciones.

Pero a veces simplemente no podemos o nos negamos ante requerimientos de esa naturaleza imperativa, y para nuestro asombro, vemos como la sociedad parece estar poseída por algo más que no la hace ver lo que están haciendo.

Nos sentimos atados, truncados, trabados, porque somos personas de arte. Porque aunque nos regimos por patrones sociales tenemos la necesidad interna de untarnos de libertad, de transformar un pedazo de alma en una parte real en un mundo tan corrompido y superficial.

Hacer arte no tiene una técnica, unos pasos, NO TIENE UNA NORMA, y contrario a la frustración de muchos que hacen llamarse "artistas", no requiere de la aprobación de la humanidad, porque el arte primero debe ser disfrutado, degustado y contemplado por ti, bañado en una lluvia concentrada de tu esencia más pura como ser. 

Es decir, tu arte no tiene que gustarle a los demás mientras seas feliz al construirlo.

Entonar la melodía de la felicidad con tu voz, capturar en fotografías lo que sólo tú ves, usar tu cuerpo como vocero de las emociones en un baile, transformar sentimientos en palabras, páginas y libros, son tan distintos y al final llegan al mismo puerto, donde el alma del ser humano logra ser representada, llega a ser tangible y se libera de los amarres de las imposiciones de lo "correcto".

Logramos desprendernos, convertirnos en todo aquello que nos hace feliz, que pocos entienden, y que es lógico que no lo entiendan, pues pocos conocen el color de la plenitud.

Mientras las ciencias siguen derrochando años intentando identificar el alma en el cuerpo, sigamos nosotros liberando nuestras almas y nuestra luz en cada expresión, por incomprendida que resulte, pues eso es sentir, y sentir es vivir.

viernes, 1 de febrero de 2013

Han pasado meses sin escribir realmente, pero esos mismos meses me han servido para pensar, y es que siempre de alguna forma estoy inhalando soledad y exhalando ideas, mientras mi mente se llena de pensamientos y aparente claridad al respecto. 

Me puedo definir como una persona solitaria, aunque esté rodeada de personas, y sin ánimo de menospreciarlas, irremediablemente termino y vivo caminando por esta vida solamente con mis creencias e ideas. 

Y me percato de que este es el gran riesgo de pensar en soledad, y es el hecho de no saber si estás totalmente errado o completamente en lo correcto y aquí es cuando llega el momento clave donde debemos contrastar nuestras ideas con las del resto del mundo, con la madurez de aceptar que podamos estar equivocados. Y aunque este sea el punto clave, es donde todos se caen, y no me refiero a mí porque gracias a la vida he aprendido a aprender.

Lo cierto es que no todas las personas saben aceptar el hecho de que simplemente pueden estar errados, y lo más importante no es aceptarlo, sino entenderlo y tratar de mejorar y hacer que tu opinión y creencia sea correcta ahora, y no me refiero "correcta" a los ojos de alguien más, sino que respete un punto medio donde seas fiel a ti mismo como a la humanidad como unidad que compone el mundo.

Y si todas las personas, sin excepción, fuesen ahora capaces de dialogar e intercambiar opiniones, con el puro objetivo de conocer y mejorar, definitivamente que todo fuese fácil, pero como en la vida solamente es fácil morir, la gente no intercambia ideas, es cerrada y orgullosa. Los adjetivos que obstruyen una fluida conversación y que no permiten inundar tu mente en conocimientos nuevos, que aunados a los tuyos te hacen cada vez más completo.

Esto quizá no es literatura digna de publicar y llorar, pero son sólo algunas de las ideas que he cargado conmigo estos meses, y que en algún lugar he de plasmar.